El hígado ayuda a combatir infecciones y limpia la sangre. También ayuda a digerir los alimentos y a almacenar energía para cuando el cuerpo la necesite. No se puede vivir sin un hígado que funcione bien. Si el hígado falla, el médico puede colocarlo en una lista de espera para un trasplante de hígado. Los médicos realizan trasplantes cuando otros tratamientos no logran mantener el funcionamiento de un hígado lesionado.
Durante un trasplante de hígado, el cirujano extrae el hígado enfermo y lo reemplaza con uno sano. La mayoría de los hígados provienen de un donante fallecido. A veces, una persona saludable dona parte de su hígado a un paciente en particular. En este caso, al donante se le llama donante vivo. La razón más común para un trasplante en adultos es la cirrosis. Esta es una enfermedad en la que las células hepáticas sanas mueren y son substituidas por tejido cicatricial. En los niños, la razón más común es la atresia biliar, una enfermedad de los conductos biliares.
Las personas que tienen trasplantes deben tomar medicamentos por el resto de sus vidas para impedir que sus cuerpos rechacen el órgano nuevo.

CIRROSIS:
La cirrosis es el conjunto de cicatrices en el hígado. El tejido cicatricial se forma por lesiones o enfermedades prolongadas. El tejido escamoso no puede hacer lo que hace el tejido hepático sano: producir proteínas, ayudar a combatir las infecciones, limpiar la sangre, ayudar a digerir los alimentos y almacenar energía. La cirrosis puede conducir a:
- Ocurrencia de hematomas o hemorragias con facilidad o sangrado nasal
- Hinchazón del abdomen o las piernas
- Sensibilidad adicional a las medicinas
- Aumento de la presión en la vena que penetra en el hígado
- Venas dilatadas en el esófago y el estómago
- Insuficiencia renal
Aproximadamente 5 por ciento de las personas con cirrosis desarrolla cáncer de hígado.






